24 August 2026

La ECHA empieza a trabajar en la reducción de sustancias peligrosas en vehículos

La regulación europea sobre vehículos da un nuevo paso hacia una mayor integración entre seguridad química, circularidad y gestión del final de la vida útil de los productos.

El 17 de agosto de 2026, la Agencia Europea de Sustancias y Mezclas Químicas (ECHA) anunció que comenzará a apoyar a la Comisión Europea en la aplicación de los aspectos relacionados con la seguridad química del nuevo Reglamento (UE) 2026/1738 sobre los requisitos de circularidad aplicables al diseño de los vehículos y a la gestión de los vehículos al final de su vida útil.

El nuevo Reglamento, publicado en el Diario Oficial de la Unión Europea el 24 de julio de 2026, sustituye el marco anterior sobre vehículos al final de su vida útil y establece nuevos requisitos relacionados con el diseño, la circularidad, la reutilización, el reciclado y la presencia de sustancias preocupantes.

Para la industria química y para los fabricantes y proveedores del sector de automoción, el cambio es relevante porque la gestión de las sustancias químicas pasa a estar cada vez más vinculada al diseño y al reciclaje de los productos.

El nuevo Reglamento establece que la presencia de sustancias preocupantes en los vehículos, así como en sus piezas y componentes, debe minimizarse en la medida de lo posible.

Para avanzar en este objetivo, la Comisión Europea deberá elaborar un informe sobre la presencia de sustancias preocupantes en los vehículos y evaluar hasta qué punto estas sustancias pueden afectar negativamente a la reutilización y al reciclaje de los materiales o generar efectos adversos sobre la salud o el medio ambiente.

En este trabajo, la Comisión contará con el apoyo de ECHA en los aspectos relacionados con la seguridad química. El Reglamento establece como fecha límite el 14 de febrero de 2028 para la elaboración de este informe.

Según la ECHA, su trabajo incluirá tres líneas principales:

  • Identificar sustancias preocupantes presentes en los vehículos.
  • Preparar propuestas de restricción para sustancias peligrosas cuando la Comisión se lo solicite.
  • Evaluar posibles exenciones de determinadas prohibiciones existentes.

Esto significa que el trabajo de ECHA puede tener consecuencias futuras sobre las sustancias utilizadas en materiales, piezas y componentes de vehículos.

El Reglamento (UE) 2026/1738 establece en su artículo 5 que la presencia de sustancias preocupantes en vehículos y en sus piezas y componentes deberá minimizarse.

Además, introduce una prohibición específica para determinadas sustancias.

A partir del 1 de septiembre de 2032, los nuevos tipos de vehículos sujetos a homologación conforme al Reglamento (UE) 2018/858, así como las piezas y componentes nuevos destinados a esos vehículos, no podrán contener plomo, mercurio, cadmio ni cromo hexavalente, salvo en los casos y concentraciones permitidos por las excepciones establecidas en el propio Reglamento.

La normativa también permite modificar estas disposiciones en el futuro para adaptarlas al progreso científico y técnico.

Por ejemplo, la Comisión podrá establecer valores máximos de concentración o conceder determinadas exenciones cuando el uso de estas sustancias sea inevitable, no existan alternativas adecuadas y se cumplan las condiciones establecidas por el Reglamento.

Uno de los aspectos más importantes de esta nueva regulación es que el riesgo químico deja de analizarse únicamente desde la perspectiva de la fabricación o del uso del producto.

El Reglamento introduce una conexión directa entre las sustancias presentes en los vehículos y su impacto sobre la reutilización y el reciclaje. Esto es especialmente relevante en una economía circular.

Una sustancia utilizada en un componente puede no representar únicamente una cuestión de seguridad durante la vida útil del vehículo. También puede afectar a la posibilidad de recuperar, separar o reciclar determinados materiales cuando el vehículo llega al final de su vida útil.

Por eso, el nuevo marco europeo plantea una pregunta más amplia:

Esta perspectiva puede modificar progresivamente la forma en que fabricantes y proveedores gestionan la información química de sus productos.

El impacto directo del Reglamento recae sobre diferentes actores de la cadena de valor de la automoción, pero sus implicaciones pueden extenderse a fabricantes y proveedores de materiales, sustancias, mezclas, componentes y piezas.

Entre los sectores que deberían seguir esta evolución se encuentran:

  • fabricantes de vehículos
  • fabricantes de componentes
  • proveedores de materiales
  • fabricantes y formuladores de productos químicos utilizados en automoción
  • proveedores de recubrimientos, adhesivos, lubricantes y otros productos químicos
  • empresas implicadas en reciclaje y tratamiento de vehículos al final de su vida útil

Para estos actores, disponer de información fiable sobre la composición química de materiales y productos será cada vez más importante.

Para un proveedor de productos químicos, una pregunta fundamental será saber dónde se utiliza una determinada sustancia y qué productos pueden verse afectados si cambia su situación regulatoria.

Imaginemos, por ejemplo, una sustancia utilizada en diferentes formulaciones destinadas al sector de automoción. Si esa sustancia pasa a estar sujeta a una nueva restricción, la empresa necesita poder identificar rápidamente:

  • qué productos contienen la sustancia
  • en qué concentraciones
  • qué clientes o aplicaciones están afectados
  • qué mercados están dentro del alcance de la regulación
  • qué alternativas existen
  • qué documentación de seguridad debe revisarse
  • y qué productos pueden seguir comercializándose durante un periodo transitorio

Cuando esta información está repartida entre hojas de cálculo, bases de datos independientes y documentación no conectada, evaluar el impacto de una modificación regulatoria puede convertirse en un proceso largo y propenso a errores.

La evolución de la normativa europea apunta hacia un modelo en el que conocer la presencia de una sustancia ya no es suficiente.

Las empresas necesitan relacionar la información química con productos, formulaciones, usos, mercados y requisitos regulatorios.

Esto permite responder con mayor rapidez cuando aparece una nueva restricción o cuando una autoridad solicita información sobre determinadas sustancias.

El nuevo Reglamento sobre vehículos refuerza precisamente esta necesidad de disponer de información química estructurada y trazable.

De hecho, ECHA ya mantiene información específica relacionada con las sustancias peligrosas del anterior marco de vehículos al final de su vida útil. Esta base de datos fue actualizada el 18 de agosto de 2026 y contiene actualmente 4.385 sustancias o entradas únicas.

Aunque muchas de las nuevas obligaciones tendrán una aplicación progresiva, las empresas de la cadena de valor de automoción pueden empezar a prepararse.

El primer paso es conocer qué sustancias están presentes en productos, formulaciones, materiales y componentes destinados al sector.

No basta con mantener un inventario de sustancias. Es necesario saber qué productos contienen cada sustancia y en qué concentraciones.

La actividad de ECHA será especialmente relevante para detectar posibles futuras restricciones de sustancias peligrosas relacionadas con los vehículos.

Cuando una sustancia pueda quedar restringida, las empresas necesitarán evaluar alternativas técnicas y regulatorias con suficiente antelación.

Los cambios regulatorios pueden tener consecuencias sobre la clasificación, el etiquetado, las Fichas de Datos de Seguridad y otra documentación asociada a los productos.

La evolución del Reglamento sobre vehículos demuestra que la gestión del cumplimiento químico está cada vez más relacionada con la capacidad de conectar datos regulatorios con productos y formulaciones.

Una plataforma como ExESS permite centralizar información sobre sustancias y mezclas y utilizarla en procesos de gestión del cumplimiento y generación de documentación.

Esto facilita que, ante un cambio regulatorio, las empresas puedan pasar de una pregunta general “¿nos afecta esta nueva restricción?” a una evaluación mucho más concreta: ¿Qué sustancias están afectadas, en qué productos aparecen y qué acciones debemos tomar?

Esta capacidad resulta especialmente importante para empresas con grandes carteras de productos o que suministran diferentes mercados y sectores industriales.

El nuevo Reglamento (UE) 2026/1738 marca una evolución importante en la regulación europea de vehículos: la composición química de los productos se conecta cada vez más con los objetivos de circularidad y reciclaje.

El trabajo que ECHA acaba de iniciar será clave para identificar sustancias preocupantes y evaluar posibles futuras restricciones.

Para las empresas químicas y los proveedores de la industria de automoción, el mensaje es claro: la capacidad de identificar sustancias, relacionarlas con productos y evaluar rápidamente el impacto de los cambios regulatorios será cada vez más importante.

La preparación no consiste únicamente en reaccionar cuando una sustancia queda restringida. Consiste en disponer de la información necesaria para anticiparse al cambio.

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Autor

Lisam Iberia